35. Bagán. Día 1. Segunda parte.
Jueves, octubre 30th, 2008
El pueblo de Myinkaba es famoso por sus talleres de laca por lo que intentamos ver alguno. La guía dice que si estás interesado de una forma seria en trabajos de laca que este pueblo es “yer pal”. Ni idea de lo que significa pero dan ganas de verlo.
Nos metemos en una callecita del pueblo y damos con uno de esos talleres. Hay más de una docena de personas trabajando. Los hombres hacen un trabajo y las mujeres otro pero todos de pintar o acabar las piezas. Son todos de unos 30 años. Algunos de los trabajos requieren una gran precisión y no sé si la edad los hará abandonar. (más…)
Nos vamos a desayunar y nos encontramos con Maiteana y José que acaban de llegar de Mandalay en tren. Es curioso porque él siempre tiene le aspecto de acabar de viajar por el desierto Taklamakán. ¿Sabes ese explorador que lleva trece días bebiendo solo té y a lomos de un camello? Pues así. Y además como es rubio y de ojos azules pues parece un verdadero explorador inglés. Pero cansado después de la travesía. Pero como es de Bilbao pues no le da importancia. Sin embargo ella parece la princesa que acaba de levantarse de la cama, descansada y serena. Y ambos vienen del mismo sitio.
Después del desayuno cogemos un taxi y nos vamos a la estación de autobuses. El año pasado Marisa hizo allí unas fotos muy bonitas de unas monjas budistas. Hoy “ve” también una foto, echa mano de la cámara, pero, ¡ay!, ha desaparecido el botón del disparador. Y cuando haces un viaje tan fotográfico como éste eso puede ser un desastre. Aunque también llevamos mi máquina, por si las flais, está al fondo de la mochila y ésta en el fondo del autobús debajo de otros equipajes.
Esta noche hemos tenido mosquitos. He conseguido liquidar a unos cuantos pero no a todos. Y por lo menos dos de ellos ya se habían alimentado. Imagino que cuando un mosquito ya está saciado no pica. No creo que hagan como en los banquetes romanos y vomiten la sangre que acaban de ingerir para poder seguir chupando. Así matar a un mosquito que ya ha comido, vaya que te “ha comido”, puede ser un acto de venganza pero poco eficaz.
Después de los cantos religiosos de Hsipaw más los cantos matutinos de todos los gallos del contorno –y los cabrones cantan sobre las cuatro de la mañana- lo de este hotel parece un cementerio.
Y así llega el tren. Como cuando vinimos no hay primera clase, solo “ordinary”. El convoy lleva tres vagones. Un empleado nos dice cual es el nuestro y los asientos que nos corresponden. Al intentar abrir la puerta del vagón se cae. ¡Menos mal que lo hace hacia dentro! Con el peso de una de esas puertas de hierro para tener una desgracia. Y además había un bulto en el interior que ha parado la caída. Así que la atan con unas cuerdas y la dejan abierta. 


